Desde el 30 de septiembre, en EE.UU. será obligatorio que las carnes frescas y los productos cárnicos tengan un etiquetado sobre el país de origen, denominado como Country of Origin Labelling (COOL).
El fin de este etiquetado es que los consumidores sepan si la carne que compran procede de animales criados en EE.UU. o en otro país y decidir así sobre la seguridad alimentaria que les ofrece dicho producto, o escoger aquellos que proceden exclusivamente de EE.UU.
La industria cárnica estadounidense ha luchado por evitar este tipo de etiquetado puesto que estiman que los consumidores se negarían a comprar productos, como puede ser el caso de carnes picadas y de hamburguesas, en los que haya información sobre el origen de diversos países.
Desde el USDA, también se mostraron contrarios a este nuevo etiquetado por el impacto que podría tener en el consumidor y por el coste que conllevaría en la industria alimentaria, cifrado en torno a 1.755 millones de euros.
Pese a todo esto, desde el Congreso estiman que este etiquetado es necesario y entrará en vigor a finales de este mes.