Como parte de la estrategia para incrementar las ventas de los productos nacionales ante el mercado perdido ante el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), México comenzó a aplicar aranceles de importación a diversos productos, entre los que destaca la carne de cerdo.
Las tarifas arancelarias especiales empezaron a aplicarse desde el 19 de agosto al jamón, paletas, cortes con hueso y sin hueso, así como para carne de cerdo fresca y congelada. También se gravará a la piel porcina en piezas (pellets). La tarifa específica que se aplica ahora a los jamones y los productos primeramente mencionados es de 5%, mientras que para los pellets es de 20%.
De acuerdo con el presidente de la Federación de Exportación de Carne de Estados Unidos (USMEF, por sus siglas en inglés), son los “consumidores mexicanos y los productores de carne de cerdo en Estados Unidos los que pagarán el precio por una disputa que no les compete. Las tarifas son una barrera innecesaria que interfiere con el libre comercio y no ofrece ningún beneficio para nadie”.
Por su parte, el director adjunto de la Confederación de Porcicultores Mexicanos, Alejandro Ramírez, afirmó que el precio al consumidor no se verá afectado y que tampoco habrá desabasto, puesto que los porcicultores mexicanos están preparados para incrementar su producción, que en 2009 llegó a 1.2 millones de toneladas.
Ramírez añadió que ha llegado el momento para impulsar el desarrollo del sector para que en pocos años logre abastecer casi la totalidad de la demanda doméstica.
Con información de CarneTec