Las carrageninas se conocen hace ya unos 600 años y los primeros usos descritos se refieren a la leche gelificada que obtenían los habitantes del pueblo de Carraghen, en Irlanda, cuando hervían algas en leche, produciendo de este modo la extracción y solubilización de un compuesto, que tenía la propiedad de producir un gel. No fue, sin embargo, hasta después de la segunda guerra mundial, en que se comenzó con la producción industrial de las carrageninas y con su estudio sistemático de caracterización y aplicación en diferentes áreas, principalmente en alimentos.