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Aunque el tema de la ingesta y el gasto calóricos aún reviste suma importancia, el foco de atención ha virado en torno a cómo el organismo utiliza los alimentos y bebidas ingeridas, y en particular los carbohidratos. La razón es simple: el consumidor comprende cada vez más que sentirse bien también depende de lo que consume y quiere saber cómo influenciar este mecanismo. En las bebidas en particular, hasta ahora la elección se dividía en dos. Por un lado, los azúcares con alto índice glicémico, que aportan energía pero provocan un esfuerzo excesivo de los niveles de glucosa en sangre, posiblemente llevando a una ingesta antes de la hora prevista. Por otra parte, se puede escoger a los edulcorantes intensos, con un índice glicémico bajo o nulo pero que no aportan energía alguna.
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