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La calidad de un producto alimenticio es una noción en parte subjetiva, ya que el principal instrumento de evaluación es el consumidor. Se han desarrollado diferentes pruebas o índices cuantitativos, utilizados tanto para describir objetivamente la calidad, como para permitir obtener un nivel de calidad satisfactorio y constante (3). Los alimentos son perecederos por naturaleza y durante el procesamiento, distribución y almacenamiento, están expuestos a numerosos factores ambientales que pueden provocar cambios indeseables. Éstos afectan las propiedades organolépticas y, como consecuencia, provocan el rechazo del consumidor (6). (Ver Tabla 1).
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